¿SE PUEDE VIVIR SIN INTERNET?
Adictos a Internet
Muchos expertos aseguran que la adicción a Internet no
existe. Pero algunos casos extremos, como el de los hikikomoris
japoneses, parecen demostrar lo contrario.
Entrar a casa, encender la computadora, abrir el correo electrónico
y ponerse a navegar en la red, leyendo
textos hipervínculados, se ha convertido en rutina diaria
para millones de personas. Para algunos, lamentablemente,
entre el hábito y la adicción apenas hay diferencia,
y muchos usuarios de Internet están cruzando ese umbral.
Los expertos no logran ponerse de acuerdo a la hora de definir
la adicción online, pero la mayoría coincide en que
hay personas que pasan en la Web más tiempo de lo que podría
ser considerado normal.
Y, al contrario que otros comportamientos adictivos, como el fumar,
la adicción de Internet no es fisiológica, sino de
naturaleza más bien psicológica. "Navegar por
la red se convierte en un hábito que se sale de los moldes",
explica Gocht. El fumar conduce a una adicción que hace que
el adicto desee cada vez más cigarrillos. La adicción
a Internet se desarrolla gradualmente, al tiempo que el usuario
pasa más y más tiempo online para satisfacer su necesidad
creciente".
¿Cuáles son los anzuelos de Internet? Los juegos
en red, la pornografía online, el chat y el email, en ese
orden. Para algunos, la salida está en la consulta psicológica
especializada.
Según Giorgio Nardone y Federica Cagnoni, autores de “Perversiones
en la red”, un libro que analiza estos y otros trastornos
vinculados a la vida online, “como este tipo de compulsiones
se basa en el placer y no en el sufrimiento, resultan muy difíciles
de eliminar”.
¿Cuáles
son los primeros síntomas del mal? El deseo irrefrenable
de revisar seguido el correo electrónico y, luego, la necesidad
de navegar sin límite. Sentirse
solo si uno no puede conectarse a Internet. Finalmente, el insomnio
y un temblor en las manos que se conoce como “finger tapping”,
o temblor de los dedos.
Los casos más comunes de adicción
a los vínculos virtuales son el adolescente, el profesional
o el ama de casa que tienen problemas con sus padres, trabajo o
pareja, respectivamente, y que al estar aislados por cuadros depresivos
recurren a un salón de chat (pláticas con uno o más
individuos), donde siempre encuentran a alguien a quien contarle
sus problemas y de quien obtendrán, con frecuencia, una “falsa
actitud compasiva”.
Además, el psiquiatra mexicano Federico Soto, especialista
en trastornos psicológicos relacionados con las nuevas tecnologías,
observa que es preocupante el hecho de que “la red bombardea
a los adolescentes con demasiados elementos sexuales, lo que provoca
problemas en ellos como la hiperestimulación sexual”.
Estos jóvenes, que tienen entre 15 y 25 años, constituyen
la generación electrónica. Son los adolescentes que
crecen de la mano de internet y de la tecnología. Los chicos
de hoy eligen comunicarse por teléfono celular y prefieren
pasar horas en un ciber antes que reunirse con sus amigos. Los
avances tecnológicos ocurridos en los últimos veinte
años, modificaron intrínsecamente sus costumbres.
Pero también hay periodistas, como
el español Luis Martín Cabiedes, que admiten que
ya no pueden vivir sin Internet. Cabiades argumenta que Internet
es la más importante revolución que ha acaecido a
los medios de comunicación en su ya larga historia, una revolución
mayor aún que la que supuso en su momento la televisión
o la radio. Y es que esta vez no se trata de que haya aparecido
un nuevo medio, un nuevo soporte, como fueron la radio o la tele,
sino que, esta vez, ha desaparecido el soporte.
En Internet, prosigue el español, la información
digitalizada y en red, liberada de todo soporte y limitación
física, se reproduce y distribuye en tiempo real, sin coste
alguno y se convierte, al menos en principio, en accesible en cualquier
momento, en cualquier lugar, y para cualquier persona. Internet
es maravillosa. Y precisamente por eso se presta a este tipo de
dependencia. Así descripta, esta adicción parece inocua.
Por otra
parte, muchos
expertos aseguran que la adicción a Internet no existe.
Si bien se habla de ella desde 1995, esta presunta patología
no figura en los manuales de diagnóstico de desórdenes
mentales. El psiquiatra español Facund Fora dijo en un congreso
internacional que es un mito y muchos comparten su opinión.
Explicó, además, que la enorme mayoría de internautas
que buscan ayuda médica en realidad son adictos al sexo o
al juego (porque visitan casi exclusivamente sitios pornográficos
o casinos online) y sufren problemas psicológicos que no
son causados por Internet, como fobia social o trastorno obsesivo
compulsivo. La Web sería, entonces, nada más que un
vehículo. En otras palabras: si alguien es adicto al agua,
no hay que echarle la culpa al vaso.
Igualmente, no están de más las precauciones, porque
existen casos extremos dignos de atención, como el de los
hikikomoris
japoneses. En su mayoría, se trata de varones adolescentes
que se aislan de la vida. Encerrados
en sus cuartos, duermen de día y se enchufan de noche
a la TV, a sus consolas de juegos, o a chatear o navegar en Internet.
Después de visitar Japón, el periodista Tom Wolfe
dijo de ellos: "Los hikikomoris son la pulsión mayor
de la ingeniería informática, su máximo delirio".
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